Heeron – Lefkandi. Planta. Fuente: pinterest.

Sobre el libro “El Egeo. De la Edad del Bronce a la Edad del Hierro”, Oliver Dickinson. Ediciones Bellaterra, 2016. Traducción de Mª Eugenia Aubet de la edición inglesa de 2010.

El camino que va desde el colapso de la Edad del Bronce en la Grecia continental y la zona del Egeo, del final de la época palacial micénica a los orígenes de la civilización griega clásica pasando por la EDAD OSCURA. Aquella de la que quedaron trazas en los versos de Homero. Todo ello pasa por esta obra de Oliver Dickinson, Profesor Emérito de la Universidad de Durham, especialista en prehistoria griega, la civilización micénica y las raíces históricas de los poemas homéricos.

Esta libro va a cuestionar muchas de las teorías que se habían escrito sobre las consecuencias que tuvo la desaparición de aquella civilización –acaecida en un corto período de tiempo-, con sus espléndidas ciudadelas amuralladas y una organización de la vida social y económica en torno al palacio como centro de poder y comercio. Controlador de prósperos núcleos de población. Y lo hace con un minucioso análisis de los restos arqueológicos encontrados para ese período hasta el año de su publicación. El autor revisa el inventario de hallazgos, repasa las distintas interpretaciones que se ha hecho de éstos a lo largo del tiempo y da noticias de numerosos lugares que pueden servir al no especialista para ampliar su visión más allá de sitios clásicos como Micenas, Cnosos, Tirinto o Atenas.

En este sentido, el análisis de datos y restos conocidos o nuevos (muchos desde los años 70 del pasado siglo) permite a Dickinson recordar la obligación de realizar la “tarea urgente de explicar porqué durante tanto tiempo las gentes de Grecia demostraron tan poca ambición desde el punto de vista material, cuando hasta no hacía mucho habían sustentado grades culturas y más tarde lo volverían a hacer” (lo que había sido el deseo de otro gran especialista sobre el tema, N.K. Snodgrass, y que pidió en su obra “La Edad Oscura en Grecia”, publicada en el lejano año de 1971).

Portada del libro de la Edición de Bellaterra, 2016.

La pobreza de la evidencia material durante varios siglos es abrumadora: estamos ante un período de recesión, donde en palabras del propio autor “no existe prácticamente ningún indicio de que se dedicaran esfuerzos y recursos excepcionales a nada, sean edificios monumentales, tumbas, lugares rituales comunales o trabajos artesanales…” (Conclusiones, pág. 284). Por todo ello lo textos homéricos han de ser tomados con cautela, nunca como fuente histórica fiable, sobre todo en lo relativo al mítico esplendor que emiten, más propios de un relato épico, que como todos los relatos de estas características sigue su propia lógica interna: descripción de héroes y proezas sobrenaturales en el combate, objetos preciosos y armamento a duras penas realistas, sin reflejo real de aquella sociedad que describen.

Descartados los poemas homéricos, solo queda como fiable el registro arqueológico. Pero como demuestra Dickinson, su interpretación presenta numerosos problemas. Es posible que muchos yacimientos estén por identificar y otros, aún no estudiados, pueden arrojar muchas sorpresas sobre el período. Poco se sabe de este momento en zonas que más tarde desempeñarían un papel fundamental en la historia de Grecia, como Laconia o las Islas del Egeo.

Lo que sí es seguro es que a la luz del registro arqueológico “el colapso de la civilización micénica fue drástico”. Y aunque “la impresión general es de un daño irreparable”, el autor no se muestra partidario de atribuirlo a grupos armados u “hordas invasoras” que saquean a su antojo todo lo que encuentran a su paso, o “sequias severas” que habrían provocado la emigración de poblaciones enteras. Es muy probable que el colapso condicionara toda la vida económica, social y política de la zona pero de manera sostenida y profunda hasta los comienzos del período arcaico griego, en el siglo VIII a.c. La demostración de ésto está por realizar. Dickinson da las primeras pinceladas.

Reconstruccion del Heeron de Lefkandi. Fuente: Pinterest.

En cualquier caso, como señala  la Catedrática de Prehistoria María Eugenia Aubet “…este libro es una lectura fundamental para estudiosos y especialistas, y para los lectores interesados en general”. Imprescindible. El nivel y la mira.