Foto: Protesta a las puertas del British Museum. Fuente: BP or not BP? That’s is the cuestion.

No es ya que el colectivo BP or not BP? haya lanzado una campaña de crowfunding para construir un caballo de Troya gigante coincidiendo con la exposición del British Museum Troy: mith and reality, simulando el último acto del asedio de la mítica ciudad de la Ilíada, denunciando la política de doble cara de British Petroleum: mediante el patrocinio de la exposición parece estar facilitando a modo de regalo la realización de un evento de calidad. Regalo que oculta la verdadera naturaleza de la gran petrolera, responsable de alguna de las actividades más oscuras relacionadas con el daño al medioambiente y su destrucción a nivel planetario en los últimos tiempos (ver la construcción del Transanatolian Pipeline, con la colaboración del actual gobierno Turco; el gasoducto pasaba muy cerca de la actual Troya y generó numerosas protestas en ese país dúramente reprimidas).

O que desde hace tiempo BP haya ido perdiendo prestigiosos socios de viaje en sus actividades de mecenazgo cultural, para los que ha acabado siendo un problema de imagen (Tate Modern Gallery, el Festival de Edimburgo, o el mismo mes de inauguración de la Exposición del BM, la National Gallery Scotland o la Royal Shakespeare Company, dentro del Reino Unido).

Foto: Trojan Horse. Jorge Lascar. Fuente: Hyperallergic.

Ni que la negativa del BM a no contar con BP como patrocinador provoque la significativa dimisión de algún señalado miembro de su Junta Directiva (la prestigiosa novelista egipcia Ahdaf Soueif por ejemplo). El director del BM Hartwig Fischer tiene sus razones: sin la intervención de un patrocinador externo es difícil innovar y hacer una exposición atractiva y barata para el público general; además, perder la oportunidad de organizar una exposición como esta dedicada a TROYA no contribuiría a resolver el cambio climático… A nadie se le escapa esta cuestión pero como dice una de las activistas, Helen Glynn, y como sucede en la Ilíada, “lo que parece un extraño y bonito regalo encierra en sus entrañas muerte y destrucción“. A nadie se le debería escapar esto tampoco.

Adoptando otra postura, centros como el Museo de Historia Natural de Londres, entre otros, se han posicionado activamente contra el cambio climático. Otras iniciativas importantes en esta línea, son la Coalition of Museums for Climate Justice o la Asociación de Museos de Alberta. El ICOM estableció en su momento un Grupo de Trabajo sobre Sostenibilidad formado por profesionales de diversas instituciones museísticas del mundo que presentó sus conclusiones en la Conferencia Trienal de la organización en 2019.

Google Arts & Culture en colaboración con la UNESCO han organizado la iniciativa Heritage on the Edge, sobre las consecuencias del cambio climático en cinco reconocidos sitios del Patrimonio Histórico mundial. En España iniciativas recientes como la del Museo Nacional del Prado o el Museo Thyssen-Bornemizsa, al hilo de la celebración en Madrid de la Conferencia de la Naciones Unidas para el Cambio Climático (COP 25) demuestran que algo está cambiando y que las grandes instituciones culturales empiezan a utilizar su importante calado social para concienciar de este grave problema.

El BM podría estar quedándose sólo. El nivel y la mira.