Imagen: Viatge a Itaca. Portada del disco de de Lluis Llach. 1987 Fonomusic/2002 Dro East West S.A. – USA.

“…Cuando salgas para hacer el viaje hacia Itaca/ has de rogar que sea largo el camino,/ lleno de aventuras, lleno de conocimiento./ Has de rogar que sea largo el camino,/ que sean muchas las madrugadas/ que entrarás en un puerto que tus ojos ignoraban/ que vayas a ciudades a aprender de los que saben./ Ten siempre en el corazón la idea de Itaca…”  (Lluis Llach – Viatge a Itaca 1975 . Adaptación de un poema de Kavafis sobre una versión catalana de Carles Riba).

Interesante y emotivo libro de Daniel Mendelsohn Una Odisea. Un padre, un hijo, una epopeya (Seix Barral, Barcelona, 2019. Edición en castellano. 416 páginas) que narra, siguiendo el hilo argumental de la Odisea, la historia de un hijo y su padre, su encuentro en las postrimerías de la vida de este último, tras años de distancia entre ellos. El relato transcurre en torno a un Seminario Universitario sobre el clásico de Homero, al que por sorpresa decide asistir el padre del profesor que lo imparte. Sorpresa ya que es una persona ajena al mundo de la literatura clásica, matemático de vocación y científico de profesión, pero que al final de su vida emprende el camino que quizá inicio una vez y perdió a lo largo del trascurso de los años: su vuelta a un conocimiento de la literatura clásica que abandonó y sobre todo la búsqueda del encuentro con su hijo, ajeno al mundo de los cálculos numéricos y la ciencia positiva, dos caras de una misma moneda. Y que culminará con un viaje juntos –el primero y el último tras largos años de distanciamiento- hacía las fuentes de la historia, los lugares más o menos reales, más o menos míticos donde trascurre el periplo de Ulises y sus guerreros.

Como señala el autor en el Proemio que inicia el libro, citando a Aristóteles, “El argumento de la Odisea no es largo de contar. Un hombre ha permanecido lejos de su hogar durante muchos años; Poseidón no lo pierde de vista ni por un momento; está solo. La situación en su casa es como sigue: los Pretendientes malgastan sus bienes y conspiran contra su hijo. Tras un proceloso viaje, vuelve a casa, se presenta, destruye a sus enemigos y se salva (ARISTÓTELES, Poética)”.

Sin embargo, detrás de este argumento aparentemente simple, el autor propone muchas lecturas y muchos temas sobre los que pensar en el trascurso de la historia narrada, la suya y la de clásico griego.

Fotografía: imágen de la portada del libro de la edición de Seix Barral, 2019.

En la Odisea, Homero juega con el tiempo deshaciendo su linealidad física, de  modo que el argumento de aquella comienza con la búsqueda de un padre por su hijo y culmina con el encuentro postrero de ambos, tras las múltiples aventuras del primero buscando el regreso a casa. Mendelsohn hilvana su historia a medida que va describiendo de manera erudita, aspectos importantes de la novela griega apoyándose en las fuentes de la investigación literaria, descubriendo a la vez la historia del protagonista y la de su padre, entrelazándolos. Al igual que Homero, el autor va y viene en la línea temporal, como las olas del “canoso mar” siempre presente en el relato clásico, trayendo recuerdos de la niñez y la juventud de ambos, anticipando lo porvenir, donde el futuro no muy lejano parece estar cumpliéndose. Mirando en la distancia lo ocurrido entre el hijo y el padre, a veces en el pasado, otras en el futuro. Siempre con el Seminario de Literatura como telón de fondo. Como presente.

Y al igual que la Odisea, cuyo relato concluye con la deseada llegada a Itaca del héroe, el autor nos lleva a la Itaca particular de padre e hijo, ese sitio común donde encontrarse y estar a salvo, desde donde poder comenzar otro viaje que los llevara quién sabe dónde:

“….Venid amigos míos,/ aún no es tarde para buscar un mundo más nuevo/ Desatracad, y sentados en buen orden/ amansad las estruendosas olas;/ pues mantengo el propósito de navegar hasta más allá del ocaso, / y de donde se hunden las estrellas de occidente,/ hasta que muera./ Puede que nos traguen los abismos; / puede  que toquemos al fin las Islas Afortunadas/ y veamos al grande Aquiles, a quien conocimos…” (Alfred Tennyson, Ulises)