La torre de los vientos. Fotografia: ciudades30.com. La denominada “Torre de los Vientos” se encuentra en el Agora Romana de Atenas, al pie de la Acrópolis. Se considera la primera estación meteorológica del mundo abierta conocida.

Siempre es complicado realizar comparaciones entre la sociedad actual y otras de épocas pasadas. Sociedades avanzadas en muchos aspectos técnicos y científicos, como por ejemplo la del Imperio Romano. Aún nos sorprende ver cómo obras de ingeniería de siglos se mantienen en pie, y bien podrían seguir realizando las funciones para las  que se construyeron y los fines para los que se diseñaron. Algunas incluso han estado hasta hace poco tiempo en uso.

Se podría decir además que la mayoría de los avances técnicos en aquella época eran poco permeables a la sociedad en general, reduciéndose su uso a grupos aislados y estancos, aunque no exclusivos y que tampoco ejercen el monopolio del conocimiento y del poder. Esto crearía una dispersión del saber que ralentizaría el progreso social en general: un mosaico de conocimiento, como reza el título del libro.

Profesor de Clásicos e Historia del Arte en la Universidad de Texas en Austin, Andrew M. Riggst, ha centrado su investigación, entre otros temas, en la historia de la información (su producción, organización y almacenamiento) en el mundo romano y el antiguo Mediterráneo, en las aplicaciones de la ciencia cognitiva y en el derecho romano-, como reza en su curriculum de presentación en INTERNET. En esta línea se sitúa su libro Mosaics of Knowledge: Representing Information in the Roman World (Oxford University Press, 2019) y su peculiar visión del tema.

Fotografia: Portada del libro de la edición de Oxford University Press.

Como señala en su brief orientation, su preocupación son los conceptos y no tanto los restos arqueológicos conocidos. Atiende más al “mapping“, “weighing” o “listing” –en el sentido más literal actual y su adecuación a la época histórica que estudia- que al “edificio”’, al “ábaco”’, al “codex” o a la “lista” (en cualquiera de los soportes arqueológicos en que se encuentre ésta). Aunque el repertorio de “artefactos” manejados en el libro es de lo más completo. Para el autor, frente a disciplinas bien conocidas, clasificadas y estudiadas (como la retórica, la filosofía, el derecho, la literatura o la gramática) existen otros tipos de conocimiento más relacionados con los conceptos señalados, que tenían un calado hasta ahora poco estudiado en la vida cotidiana, y que utilizando el acrónimo actual, se colocarían en la órbita de la IT (Information technology o tecnologías de la información en castellano). Estas IT de la antigüedad, como hoy, constituirían el conjunto de conocimientos técnicos avanzados de la sociedad romana desde sus inicios hasta el año 300 d.c., pocos años antes de la subida al poder de Constantino y la consagración del cristianismo como ideología que terminará imponiéndose sobre cualquier otra visión del universo conocido.

En cada capítulo repasa cada ámbito donde estas IT encontrarían su desarrollo. Ámbitos que se adecuan a los conceptos ya citados y que la mayoría de las veces son poco comparables con el repertorio de conocimientos técnicos actuales y su desarrollo dentro de cualquiera de ellos. Pero que cumplieron su función en el mundo antiguo. El uso de una terminología cercana a las IT actuales y la convicción de que el manejo, la acumulación y el almacenamiento de la información cumplió una función si no similar, si muy parecida a la que cumplen ahora éstas, son cuestiones que añaden un carácter original a sus planteamientos.