
Foto: Entrada a la cueva. Atalaya Musulmana con pasarela de acceso. Fuente: Página web del Ayuntamiento de Riba de Saelices.
“En un trabajo sobre arqueología prehistórica, D. Juan Cabré Aguiló se refiere incidentalmente a un despoblado que se halla a la entrada de una cueva con pinturas y grabados paleolíticos –objeto principal de su estudio- situada a cuatro kilómetros del pueblo de Riba de Saelices, en el partido de Cifuentes (Guadalajara). Tanto la cueva como el despoblado llevan en nombre de Los Casares […]” (Cronica Arqueológica de la España Musulmana II – 1935, Torres Balbás, L. citando un trabajo realizado un año antes por J. Cabré Aguiló)
De la cueva ya se tiene noticia en el año de 1849 pues se recoge en el Diccionario Geográfico-Estadístico de Pascual Madoz y los primeros detalles, algo pintorescos, los señala Puig y Larraz en 1894 que habla de que “en el fondo de la cueva hay un punto lleno de huesos y que las paredes están llenas de serpientes enroscadas….” (cita sacada del libro Los grabados de la Cueva de los Casares, Asociación de Amigos de la Cueva de Los Casares y del Arte Paleolítico, Ateneo de Madrid. Ed. Aache, Tierra de Gudalajara 42.-2003; G.Puig y Larraz, Cavernas y simas de España, Boletín de la Comisión del Mapa Geológico de España, XXI, 1894). No obstante si describe los restos de muros y construcciones –de época musulmana- que pueden observarse a simple vista en la ladera del cerro.
Tampoco en 1929, Julián Sainz de Baranda y Luis Cordavías en su Guía Arqueológica y de turismo de la provincia de Guadalajara hacen referencia a los grabados aunque insisten en la necesidad de su conservación y estudio. Pocos años más tarde, en 1931 será el maestro de Ribas Rufo Ramírez y su hermano Claudio quienes la visitan y describen los primeros relieves. Noticia que comunican a un estudioso de la zona, Francisco Layna Serrano, el cual a su vez lo pondrá en conocimiento de Juan Cabré Aguiló quien realiza junto a Hugo Obermaier los primeros estudios serios de la cueva. Descubre en una primera inspección más de 100 figuras que procede a inventariar y realizar calcos para iniciar su estudio. El propio Obermaier señala en un informe presentado a la Real Academia de la Historia en 1935 la importancia que reviste el descubrimiento pues hasta entonces el centro peninsular se creía un “vacío demográfico” por la ausencia de manifestaciones artísticas o materiales de este tipo que habían sido profusamente encontradas tanto en el arco atlántico como en el mediterráneo de la península.





Fotografías: En la parte superior relieves encontrados: alguno de los numerosos antropomorfos y fauna del cuaternario. En el ángulo superior izquierdo una de las pocas representaciones de glotón que existen de esta época. Fuente: Página web del Ayuntamiento de Riba de Saelices. En la parte inferior industria musteriense y restos de neandertal asociados. Fuente: memoria de las actuaciones por parte de la Universidad de Zaragoza en los años 60 del siglo pasado.
Lo sucedido desde estos años anteriores a la guerra civil hasta la fecha es bien conocido. Declarada Monumento Nacional en 1935 por la importancia del descubrimiento y la resonancia internacional que empezaban a tener los hallazgos (H. Breuil visitaría el lugar junto con H. Obermaier y se publicarían reseñas en publicaciones especializadas de toda Europa), al acabar la contienda el Ministerio de Educación se propone proteger el lugar y mostrarlo al público y estudiosos. Para ellos se cuenta con la colaboración del vecino del pueblo Aniceto Moreno que a su vez pasaría el testigo a su hijo Modesto que a su vez lo pasaría a su hijo, el último de los guardeses –ya perteneciente al Museo de Guadalajara- Emilio Moreno Foved, en activo hasta bien entrado el siglo XXI y que allá por la década de los 90 del siglo pasado enseñaba el lugar con entusiasmo. No en vano había colaborado –junto con su padre- con los profesores Antonio Beltrán e Ignacio Barandiarán en las sucesivas campañas de excavación y estudio que se realizaron en la Cueva entre 1966 y 1968 por parte de la Universidad de Zaragoza.
En estos años, y para sorpresa de los investigadores se encontró un hueso de neandertal (metacarpiano) así como evidentes restos de cultura material que hablaba de una ocupación anterior a los habitantes que habían realizado los grabados. La dificultad en datar estos ante la ausencia de un estrato arqueológico claro que los relacionase con alguna cultura material era evidente. Y esta cuestión seguirá condicionando en décadas posteriores el estudio de los restos. Pero tras estas actuaciones, a partir de 1973 y con la publicación del informe por parte del Profesor Barandiaran en la serie Excavaciones Arqueológicas de España (memorias realizadas por la Dirección General de Bellas Artes y Excavaciones Arqueológicas, nº 76), el interés por el estudio de la cueva y sus restos pasa al olvido salvo alguna publicación en los años 80 del siglo XX sobre algún aspecto muy concreto del arte parietal en la misma.

Foto: Entrada a la cueva desde el Valle de los Milagros. Fuente: Página web del Ayuntamiento de Riba de Saelices.
Ha pasado tiempo desde que Emilio Moreno enseñara la cavidad en reducidos grupos con su carburo de gasolina, introduciendo a los visitantes hasta lo más profundo de la misma. Hasta el punto en que el estrechamiento era tan evidente que no se podía avanzar más. La visita actual solo llega hasta el llamado Seno A (la parte más amplia y con grabados mejor conservados); el resto se encuentra protegida, con lo que se hace no aconsejable pasar. Una sencilla placa a la entrada de la misma conmemora la figura de Emilio, el último guía oriundo de Riba de Saelices.
En 2014 la Universidad de Alcalá de Henares retomó lo trabajos de excavación y estudio, centrándose en hallar un estrato arqueológico con material suficiente que permita relacionar los grabados con sus autores, de los que se tienen escasos restos. En la última campaña de 2020 parece que ha habido suerte en este sentido. Por el camino y hasta el momento se han hallado restos cerámicos neolíticos en el llamado Seno B, en la profundidad de la cueva, se ha excavado y consolidado el poblado musulmán de la ladera exterior y se ha restaurado al torre de vigilancia encima de la entrada a la que se puede subir por una pasarela y escalinata algo “aéreas”. La aplicación de técnicas de fotografía digital y escaneado has permitido encontrar nuevos grabados inéditos hasta la fecha. Y el análisis detallado de restos fósiles de microfauna y plantas ha permitido hacer una reconstrucción del entorno cuando la cueva estaba habitada, relacionándola con el contexto paisajístico e histórico circundante así como con otras cuevas cercanas también habitadas en época prehistórica.
Los Casares es visitable reservando a través de la página web de la misma. Tiene el aliciente de que la realiza una de las personas colaboradoras en las campañas de excavación de los últimos años. La información disponible en internet es abundante pero es recomendable que para hacerse una idea de la situación actual de la investigación se vea el video del Museo Arqueológico Nacional titulado Una cueva para dos humanidades: neandertales y humanos modernos en Los Casares (Riba de Saelices) disponible en YouTube, dentro del ciclo de conferencias Actualidad en la Investigación Arqueológica en España II (2019-2020).
De una visita realizada a Los Casares en diciembre de 2022. El nivel y la mira.