
Fotografía: Museo Nacional de la Civilización Egipcia. Fuente: Farida Bustani – ArchDaily.
Obra que ronda los 1000 millones de dólares de presupuesto para su construcción, 24.000 metros cuadrados de exposición permanente -aproximadamente 50.000 objetos expuestos de los más de 100.000 que alberga en depósito-, con previsión que atraiga a más de 5 millones de visitantes anuales….Lo cierto es que se le pueden colgar todos los tópicos que durante mucho tiempo se han relacionado con la civilización egipcia antigua: faraónico por el tamaño, por el costo del proyecto y por la ceremonia de apertura, sobre la que parecía flotar una maldición -al estilo de las de los faraones sobre sus tumbas-, pues se han tardado más de 20 años en su inauguración, colosal por su colección (100.000 piezas de las cuales solo se exponen más o menos la mitad), eterno por su arquitectura, deslumbrante como una nueva joya cultural en el Cairo ¿otra más en el Nilo?

Fotografía: Ramses II. Fuente: Farida Bustani – ArchDaily.
Piezas que están
El nuevo Museo ha ocasionado un efecto concentración: un edificio autónomo se ha dedicado a los barcos solares que cuenta como pieza estrella el del faraón Keops (aproximadamente 2500 años a.c.) con los restauradores tras una vitrina trabajando en otro encontrado en 1987, el tesoro de Tuthankamon completo o la itinerante estatua de Ramses II que ahora “vigila” la entrada del edificio y que hasta 2006 lo hacía frente a la estación de trenes de El Cairo . Encontrada en Memphis en 1820, milagrosamente permaneció en Egipto ya que ningún país extranjero quiso comprarla. El traslado, parece ser, era demasiado costoso para la época.
En 2021 una parte de la colección de momias reales pasó al Museo de nueva factura: 17 reyes y 3 reinas engrosado sus salas entre otros. Las más importantes.
Piezas que no están
No obstante algunas piezas significativas no se podrán ver en este espacio ya que se encuentran en países y museos europeos no muy dispuestos a desprenderse de estas: la Piedra Roseta del Museo Británico, el Obelisco de Luxor en París, el Zodiaco de Dendera en el Louvre, el busto de Nefertiti en el Neues Museum de Berlín, el Vestido de Tarkhan en el Museo Petrie londinense (la pieza tejida más antigua conocida)….lo que vuelve a poner sobre la mesa el problema de la descolonización en los Museos, tan de moda en los últimos tiempos.
Al calor de los petrodolares
Sin ánimo de hacer sombra al Museo de la Civilización Egipcia, llegan noticias de la apertura de dos nuevos museos en Abu-Dhabi: El Museo Nacional Zayed, diseñado por Norman Foster, y el Museo de Historia Natural, ambos más modestos. El primero sobre la historia de los Emiratos Árabes Unidos y de las antiguas civilizaciones de la Península Arábiga (56.000 metros cuadrados de exposición aunque con un número pequeño de piezas expuestas, alrededor de 1500) y el segundo centrado en el medio natural de la mencionada península y el mar que la rodea.
Ambos forman parte de un ambicioso programa cultural promovido por los actuales gobernantes de los Emiratos en lo que se conoce como Distrito Cultural de Saadiyat, en el que participan varios museos europeos como prestamistas de piezas o convenios de colaboración (el Louvre o el British), edificios encargados a prestigiosos arquitectos mundiales y que cuenta con el respaldo del poderoso Fondo Soberano financiero emiratí.

Fotografía: Museo Nacional Zayed – Abu Dhabi. Fuente: arquitecturaviva.com.
Todo ha de cambiar para que nada cambie
Y al hilo de esta inauguración, el año 2025 ha venido repleto de noticias relacionadas con grandes Museos conocidos por sus interminables colecciones que reúnen largas colas de turistas deambulando por sus salas. Parecen en declive pero su modelo se perpetúa en el tiempo y el espacio.
Piezas desaparecidas, contraseñas en los sistemas de información risibles y públicas, deterioro en las instalaciones con daño a las colecciones y sonados robos (Louvre) o sustracciones internas de objetos diversos durante una década (British), brechas de seguridad inaceptables que han provocado numerosos memes en las redes sociales y que en el fondo cuestionan el papel que estos grandes centros de la cultura desempeñan en la conservación de los miles de piezas que atesoran, argumento que con mayor o menor cinismo esgrimen a la hora de poner trabas a las reclamaciones que desde hace años vienen planteando los países y comunidades de origen de donde salieron de modo irregular, despojados de las mismas por razón de unos oscuros derechos coloniales y de conquista. Que, como el caso del Museo Británico, toma carácter oficial en base a una ley de 1963 donde se señala que la repatriación de piezas no es posible argumentando que es el lugar mejor y más seguro para su conservación y estudio, cuestión que en la actualidad no parece sostenerse. La década de sustracciones continuadas se ha llevado por delante a su Director.

Fotografía: Museo de Historia Natural – Abu Dhabi. Fuente: arquitecturaviva.com.
A pesar de todo, el lavado de cara es evidente: la forma es otra pero no el fondo, fingiendo un cambio en el modo de proceder para que al final no cambie nada. Cumpliéndose la máxima del cínico aristócrata siciliano Tancredi Falconeri en la novela El Gatopardo de Tomasi di Lampedusa. El nuevo director del British anunció tras la toma de posesión de su cargo una novedosa política de préstamos de larga duración a instituciones internacionales, que permite salir ciertas piezas de Inglaterra con destino a estas. Un ejemplo serían las 80 antigüedades griegas y egipcias que fueron con destino al Museo de Mumbai en la India para su exhibición. Préstamo publicitado por su actual director, Nicholas Cullinan, en el diario Telegraph.
Y al hilo de una entrada anterior en este blog ( ¿por dónde empiezo? ) en relación a los Museos, las cosas no parecen haber cambiado mucho desde la década de los años 20 del siglo pasado:
“El oído no soportaría escuchar diez orquestas a la vez. El espíritu no puede ni seguir ni dirigir varias operaciones distintas, y no hay razonamientos simultáneos. Pero el ojo se encuentra obligado a admitir en la abertura de su ángulo movedizo y en el instante de la percepción un retrato y una marina, una cocina y un triunfo, y personajes de los más diversos estados y dimensiones; y encima ha de acoger en una misma mirada armonías y maneras de pintar mutuamente incomparables [….]
Pero nuestra herencia es aplastante. El hombre moderno, extenuado por la enormidad de sus medios técnicos, está igualmente empobrecido por el exceso de riquezas. El mecanismo de donaciones y legados —la continuidad de producción y adquisición— junto con esa otra causa de crecimiento que tiene que ver con las variaciones de moda y gusto, con la vuelta del gusto a obras que se había desdeñado, contribuyen sin descanso a la acumulación de un capital excesivo y, por tanto, inutilizable. El museo ejerce una atracción continua sobre todo lo que hacen los hombres. El hombre que crea y el que muere lo alimentan por igual. Todo acaba en la pared o en la vitrina [….]
Por vasto que sea el palacio, por adecuado y bien ordenado que esté, siempre nos encontramos un poco perdidos y desolados en esas galerías, solos contra tanto arte […] Salgo con la cabeza molida y las piernas tambaleantes de ese templo de los placeres más nobles […]”
(Paul Valery, Piezas sobre arte, Visor, Madrid, 2005 – La primera edición original apareció el 4 de abril de 1923 en Le Gaulois).
El nivel y la mira.